Saturday, July 14, 2007

#12 - Diferencias culturales

Perdón por haber tardado en escribiros después de mi visita a España. Tenía pensado hacerlo, como es costumbre, para contaros mis impresiones después del viaje, pero esta vez no fueron vacaciones de colegio, y al volver he tenido que sumergirme de lleno en el trabajo, que no paró mientras estuve allí.

Como siempre, muchas gracias por vuestro recibimiento, por compartir conmigo vuestra nueva "casa", vuestros planes, vuestras preocupaciones y vuestras ilusiones.

El denostado Distrito C no fue tan horroroso como muchos me lo habíais pintado, aunque entiendo que yo lo he visto meses después de que empezaran las mudanzas, con metro y sin muchas obras pendientes de terminar. Lo cierto es que me pareció un buen entorno de trabajo, que va a facilitar muchos de los procesos que antes se veían impactados por la separación geográfica de los distintos departamentos, y que debería resultar en jornadas de trabajo más eficientes. Es cierto que con el cambio habéis perdido otras cosas: proximidad, alrededores con distracciones para el la hora del bocadillo o para después de la jornada, variedad en la oferta de restaurantes, etc. Pero también es cierto que estas carencias no tienen que ver con el trabajo en sí, sino con circunstancias que lo rodean, y que de un modo implícito habíamos dado por supuesto tras muchos años en la compañía.

Creo que hace ya más de un lustro que Telefónica dejó de ser un sitio predecible, y esto no es más que un reflejo de los cambios que se introdujeron en las industrias "nacionalizadas" al privatizarlas. Si el objetivo es fomentar la innovación y ofrecer servicios más baratos a los ciudadanos a través de la competencia (eliminando lo que los economistas llaman el excedente del monopolista), entonces las empresas tienen que adoptar la estructura que mejor les permita competir. Desde el punto de vista de los resultados Telefónica está haciendo un muy buen trabajo, y vosotros sois parte de ello, aunque nadie dice que sea fácil.

Un caso aparte es el tema de la reducción de personal vía jubilaciones anticipadas. Es evidente que la empresa necesitaba reducir su tamaño para ajustarse al nuevo entorno competitivo, pero usar la edad como factor es el resultado de una tradición nacional de protección laboral que impide a las empresas aplicar criterios relacionados con la productividad, que creo que a todas luces serían más justos, aunque mucho más difíciles de medir objetivamente. (Hago un pequeño inciso aquí para mandar recuerdos a todos los que leen el correo desde el otro lado de la barrera, y especialmente a Benjamín, que estará apurando sus últimos días: un abrazo. - Y enhorabuena a Juamba que toma el relevo).

Y enlazando con el tema de las tradiciones, quería compartir con todos, una de las reflexiones que más repetí en mi visita a Madrid y que creo que más interesaba. Lo pongo entre dos marcadores, por si es muy espeso y decidís saltar esta parte (como los libros de “Elige tu Aventura”).
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Cuando me preguntabais qué me gustaba menos de Canadá (o la forma de pensar de los canadienses) siempre solía decir estas dos cosas:

1. Tienen la costumbre de analizar financieramente cada decisión que toman en la vida y no hacen nada si no les salen los números. Esto vale para mi trabajo sin ir más lejos, pero también lo hacen cuando deciden si prolongan el metro o no, si ensanchan la autopista, si expropian las fábricas que hay junto al lago, si se compran un coche, una casa, si ahorran así o asao. Y el caso es que como punto de partida está bien, pero a veces se olvidan de que hay otras cosas: el medio ambiente, el colapso de las carreteras, los espacios de ocio, la salud, etc., y luego se preguntan por qué la gente no coge el metro o por qué no suben las cifras de turismo. Seguramente se les olvidó alguno de esos factores exógenos en su business case.

2. No protestan colectivamente, no denuncian la injusticia. Y no lo digo porque piense que Toronto sería mejor con una manifestación cada sábado como Madrid, ni que sería bueno que los canadienses montaran barricadas y quemaran coches como los franceses. Pero sí echo de menos un poco de conciencia social, de capacidad de protesta. En cambio, confían ciegamente en las instituciones, los procedimientos públicos, la policía, los jueces ... quizá porque no les dan tantos motivos para dudar como en otros sitios.
Está claro que yo detecto estas carencias porque he nacido y crecido en un ambiente muy distinto, pero no deja de llamarme la atención. Gracias a Mayte, que me lo comentaba en un correo, (y curiosamente también a un taxista de origen nigeriano que me llevó al aeropuerto hace un par de semanas y me dijo lo mismo), he descubierto que la razón por la que la sociedad se comporta así tiene su origen en la tradición calvinista (que según varios historiadores dio lugar a las bases de la economía capitalista), a diferencia de la tradición católica que condiciona muchas de nuestras costumbres y políticas, de una orientación más social.

Así, en Norteamérica (incluyo a los Estados Unidos porque allí este fenómeno es mucho más marcado) las leyes ponen por delante el bienestar de las empresas - motor de su economía - al de los ciudadanos. Está por encima el derecho de la empresa de hacer marketing directo que el derecho del ciudadano de no ser molestado en su teléfono. Está por encima el derecho de una empresa de asegurarse de la liquidez de un cliente, que el derecho de intimidad del ciudadano y sus datos personales. Evidentemente hay normas que regulan lo que las empresas pueden hacer: ruido, polución, horas de trabajo, vacaciones, etc. pero sorprende (desde mi punto de vista) lo poco que se protegen ciertos derechos que en España damos por hecho. Y por si aún hiciera falta un ejemplo más, sólo tenéis que pensar por qué Estados Unidos no ha firmado aún el tratado de Kyoto.

Por tanto, las opciones políticas mayoritarias en Norteamérica, conservadora y liberal, no son comparables a las opciones políticas en Europa, que suelen llamarse socialista y demócrata-cristina, porque sus marcos de referencia son muy diferentes. Una política liberal norteamericana siempre será más social que una conservadora, pero en el ámbito de una estructura capitalista, y una política conservadora en España, siempre estará a la derecha del socialismo, pero debe respetar las reglas de un estado de vocación social.

Y así, enlazando con la cuestión de inicio, los ciudadanos canadienses hacen la cuenta a todo, porque no dejan de ser parte de un sistema de tradición capitalista y no protestan como lo hacemos en Europa, porque saben que en este entorno, las leyes no les van a proteger frente a las entidades que mueven la economía.
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Bueno, creo que lo dejo aquí, porque no quiero perder a los pocos de vosotros que haya llegado hasta este punto en su lectura. Supongo que si reflexiono sobre estas cuestiones es porque me importa conocer la sociedad en la que he decidido vivir, al menos por unos años.

Por lo demás, la actividad continúa frenética en el trabajo. Llegué un domingo y el lunes estaba acabando los detalles para lanzar un proyecto en el que llevaba trabajando 8 meses. El despliegue duró 3 semanas y ha sido un éxito. Y como parece que han quedado contentos, me han ofrecido una promoción y a partir de la semana que viene soy el nuevo Jefe de Planificación Estratégica de los Servicios de Atención al Cliente (o algo así - intento traducir). Aún es pronto para describir lo que voy a hacer, pero la idea es definir la evolución de los servicios y sistemas de atención, así como liderar los proyectos para desarrollarlos. Me da que voy a tener mucho trabajo.

Y nada más, el verano trascurre como otros años, de forma cíclica pasamos por días de calor, días agradables, días frescos y días lluviosos, que como os decía también otras veces, hacen de esta estación una buena época para estar en la ciudad. Por cierto, dentro de un par de horas España juega contra la República Checa en el Mundial sub-20 de fútbol que se está disputando en Canadá. Si España gana ya será seguro que viene a Toronto, bien sea para la final o para el tercer y cuarto puesto, y entonces tendré la oportunidad de ver a Pedro Granero, que está barriendo el país de Oeste a Este acompañando a su hijo y a la selección. A ver si hay suerte y nos podemos tomar una cerveza la semana que viene.