Hace algo más de nueve meses que no escribía y nueve meses dan ciertamente para muchas cosas, alguna de ellas muy evidente. Me ha dado tiempo a cambiar de puesto dentro de la empresa una vez más (ahora llevo la planificación de operaciones a medio plazo), a comprarme una casa, y sí, como habéis podido intuir, a tener un bebé, una niña para ser más precisos. Dicen los que han tenido niños (y yo estoy empezando a experimentarlo en primera persona) que una vez que nacen tu vida adquiere sentido a través de ellos y que tus recuerdos se construyen a través de los hitos que ellos alcanzan. En línea con esta filosofía, he pensado dejar a Avril que tome el relevo y que sea ella quien cuente desde su punto de vista su propia versión de Living in Toronto en el mundo de Avril.
Antes de poner el cierre a los correos, he dedicado un tiempo a reflejar estos cinco años de correspondencia en un blog, que ayudará a aquellos que quieran conocer o rememorar mi historia, o a los que vayan a viajar a Canadá y quieran revisar la información que os he ido haciendo llegar en diferentes ediciones de la newsletter (sin necesidad de tener los correos almacenados en el disco duro).
No quiere decir esto que se acabe toda posibilidad de comunicarse conmigo. Todo lo contrario, estáis invitados a visitar nuestros blogs y me gustaría seguir recibiendo vuestros correos, al margen de la frecuencia con que lleguen, y saber cómo van vuestras vidas, que desde lejos intuyo tan distantes de donde las dejé.
Un abrazo fuerte desde Toronto.
Sunday, November 29, 2009
Monday, February 9, 2009
#15 - La crisis financiera
Hola a todos una vez más con un “Living in Toronto”, que últimamente llega en una nueva periodicidad semestral (establecida de facto).
Este invierno empezó del mismo modo que lo había dejado el anterior: nevando. Si no nevó suficiente el invierno pasado para convertirlo en el que más nieve había producido, la combinación del inicio y el final de año ha proporcionado la precipitación necesaria para que 2008 se llevara el récord anual. Os cuento esto no porque sea una novedad aquí (al final te acostumbras a conducir sobre el hielo y a compartir el espacio con la nieve) sino porque sé que es diferente a la manera de convivir con la nieve en la mayoría de los sitios de España. Aunque después de leer las noticias sobre cómo ha sido el tiempo allí este invierno tengo la impresión de que todos estáis teniendo la oportunidad de probar un poco el sabor de la nieve. Ya sé que no es lo mismo: ni la cantidad de nieve que cae y se acumula, ni el impacto que tiene sobre la población, ni los medios que hay aquí y allí para combatirla, pero estoy seguro de que tiene que haber sido interesante (NOTA: interesante = diferente, intrigante, curioso).
En el plano profesional las cosas no han cambiado mucho en los últimos meses. Como os dije en mi último correo, cambié de responsabilidad y ahora estoy a cargo de la gestión de las operaciones en tiempo real de los centros de atención al cliente. Después de un verano difícil por un desequilibrio notable entre oferta (número de agentes) y demanda (número de llamadas), las cosas se han ajustado y llevamos unos 4 meses funcionando bastante bien. Con menos quebraderos de cabeza en el día a día, he podido centrarme más en solucionar o mejorar procesos con una implicación más a largo plazo, lo que espero que redunde en mayor robustez cuando lleguen épocas de vacas flacas en el futuro. La idea es mejorar la automatización de tareas en las que mi equipo no está proveyendo valor añadido o revisar la interfaz con áreas como operaciones de sistemas o los propios call centres, para garantizar una mejor coordinación en los momentos de crisis. Ahora mismo, por ejemplo, estoy intentando perfeccionar la cuantificación de la aportación de mi equipo en el cuadro de mando, por un lado para un que se sepa reconocer mejor nuestra labor y, por otro, para ayudar a mi grupo a priorizar las actividades y enfocarse en aquéllas que resultan importantes para el objetivo global de la operación. Vamos, que como podéis imaginar, no tengo mucho tiempo para aburrirme.
Uno de los temas sobre el que más me habéis preguntado en los últimos meses es la crisis, y cómo ha afectado aquí en Canadá. He pensado que dado el hecho de que sigue siendo un tema de actualidad y que no va a dejar de serlo en mucho tiempo, podía daros mi punto de vista (a riesgo de repetirme con aquéllos con los que he hablado de esto: mis disculpas por anticipado en caso de que lo que sigue no sea nuevo).
__________
Disclaimer: El contenido entre esta línea y otra similar más abajo es un poco coñazo. Si tienes tiempo y curiosidad sobre la crisis económica y cómo se está desarrollando en Canadá puede que te interese. Si no, puedes pasar al párrafo después de los asteriscos).
Sobre el origen de la crisis ya se ha hablado mucho, hasta el punto de que todo el mundo sabe ahora de subprimes, tranches, y productos financieros derivados (lo que resulta curioso es saber de todo esto en retrospectiva). Hace unos años (un par de décadas) todos oíamos que la economía era algo sujeto a lo que se denominaban ciclos macroeconómicos (las cosas iban bien hasta que dejaban de ir bien y entonces empezaban a ir mal hasta que empezaban a mejorar). Había una especie de fatalismo existencial en esto de la economía y más o menos se aceptaba con resignación. Cuando las cosas iban bien había alegría económica y cuando iban mal se producían reajustes coyunturales. Con el tiempo (y la globalización) los gobiernos y los bancos centrales han encontrado la forma de combatir el fatalismo de los ciclos económicos y, a través de su intervención en el precio del dinero, prolongar la alegría económica por periodos cada vez más largos. Como reza el dicho, cuanto más alto llegues más grande será la caída, y lo cierto, es que las políticas monetarias y la flexibilización de la actividad financiera han ayudado a crear la falsa ilusión de que las cosas iban bien durante demasiado tiempo, cuando lo que hacían realmente era retrasar el ajuste. En esos tiempos de bonanza (o de bonanza percibida) la gente ha seguido consumiendo a ritmo de “subida”, los analistas financieros han proyectado ganancias sostenidas para las empresas (y por tanto inflado el precio de sus acciones), y los que más cerca están de los movimientos financieros se han aprovechado poniendo el cazo ante la cantidad de dinero ha pasado delante de ellos.
No es la primera vez que tenemos una crisis de origen financiero (no hay que remontarse mucho para recordar lo que pasó a primeros de siglo con las punto com, los desorbitados precios de las acciones, la alegría a la hora de invertir en “Internet”, las stock options que algunos convirtieron en mucho dinero, y el posterior batacazo). Sin embargo, el impacto de la crisis de Wall Street en Main Street (es la forma coloquial en que aquí metaforizan la traslación de la crisis financiera al nivel del ciudadano medio), no fue muy serio fuera del sector de las telecomunicaciones, que aún seguía teniendo un modelo de negocio sólido, y lo cierto es que pese a que las expectativas se habían secado de contexto, había una nueva tecnología con mucho potencial en ciernes y muchos sectores que seguían funcionando a buen ritmo. Lo diferente de la crisis actual es que uno de los sectores que se había inflado más de la cuenta es la banca, y los bancos no pueden caer sin arrastrar al resto. Estaba claro desde el principio que la quiebra de algunos bancos no sólo afectaría a sus empleados y sus clientes, sino que se produciría un efecto en cadena en otros bancos, dado que nadie sabía con certeza cuáles eran los activos buenos y cuáles los malos, y que detrás de los bancos irían las empresas que dependen mucho de la financiación bancaria (como las constructoras o la aseguradoras). Además, con la herida abierta, los bancos no estarían tan dispuestos a prestar dinero como antes y muchas personas y empresas no cumplirían las condiciones y por tanto sus actividades económicas se ralentizarían. Ahora mismo, las empresas en todos los sectores se ven obligadas a reducir personal y la gente empieza a ver las orejas al lobo y gasta menos. Al gastar menos, las empresas ingresan menos, por lo que no cumplen sus objetivos y se ven obligadas a reducir gastos (incluidos los de personal). Y ésa es la dinámica en la que estamos hasta que pase algo que invierta el ciclo y la economía vuelva a sonreír de nuevo. El problema es que después de tantos años de subida todavía es difícil divisar el final de la bajada.
Imagino que la mayoría está al tanto de la actualidad y lo que he dicho arriba no es ninguna novedad (perdón por el preámbulo tan largo, pero me hacía falta para poder explicar en qué medida Canadá se parece a España - o se diferencia).
El primer golpe de la crisis en Canadá fue en los parqués bursátiles, como en el resto del mundo (la bolsa es casi siempre el mejor termómetro de la economía). La salida a flote de las hipotecas subprime impactó aquí igual que en otros sitios. De forma similar a lo que pasó en España, los bancos de Canadá no quebraron durante los meses en que todo parecía que se iba a derrumbar (dicen que en España la regulación ha permitido que no se dieran las actividades especulativas que había en Estados Unidos; en Canadá pasó algo parecido, debido a las enseñanzas de una crisis inmobiliaria durante los años 90). Por esa misma razón, la segunda oleada, la que afectó a aseguradoras y constructoras, tampoco se notó aquí. He leído que muchas de las constructoras en España se han quedado bloqueadas una vez que los bancos se pusieron en guardia. Esto no sería una noticia tan importante como en realidad es, si no fuera porque el sector de la construcción ha sido prácticamente el único motor de la economía (por la cantidad de empleo que genera, por todas las actividades económicas que dependen de ella, y por la cantidad de dinero que los españoles tienen invertido en viviendas), más incluso de lo que lo era el turismo en los años 70 y 80. Sin embargo, la tercera oleada sí se está haciendo sentir. La proximidad de Estados Unidos hace, como podéis imaginar, que muchas empresas estadounidenses abran sucursales en Canadá, y el hecho de estén quebrando o reduciendo personal, está afectando notablemente algunas ciudades (plantas de Ford o General Motors están cerrando, y aquí en Toronto, tercer núcleo financiero de América, el sector financiero se ha encogido mucho). Además, empresas que viven alrededor de las que están sufriendo más están siendo afectadas (suministros para vehículos, consultoras, asesorías financieras…). La cuarta oleada también se ha disparado, y las empresas ya han empezado a ajustar sus plantillas para absorber la bajada de ingresos. Y con ello el paro ha aumentado, como en España, aunque no a niveles tan preocupantes (de hecho aquí están preocupados con el 7.5% de desempleo, pero no es lo mismo que va a haber en España).
En conclusión, la crisis se está notando en Canadá, aunque creo que no va a ser tan profunda como en España, debido a la solidez de los bancos y al hecho de que sus sectores principales no se han visto arrastrados (como ha ocurrido allí con la construcción).
Otro aspecto que me ha llamado la atención en el proceso de reducción de plantilla es que creo que las empresas aquí son más honestas que en España (con los límites que el hecho de despedir empleados tiene), debido a que hay muchos menos matices en la gestión de recursos humanos (INEM, ETT, ERE y todo ese vocabulario para crear ilusión de justicia alrededor de la gestión del empleo). Mientras que allí la preocupación es que esto impacte a trabajadores temporales, gente joven, se utilicen criterios como le edad, el sexo, o vete tú a saber qué, que haga el despido más barato, aquí despiden a la gente que es más prescindible: porque rinde menos, porque aporta menos a la empresa, o porque cobra mucho. En TELUS se habló de 500 despidos como medida de precaución contra la bajada de ingresos, y la mayoría han sido directores, vicepresidentes y ejecutivos (cuyos puestos eran amortizables por fusión de departamentos), y personas fuera de convenio en las bandas bajas de desempeño en las áreas cuya actividad se ha ralentizado por la crisis. Siempre es difícil pasar por estas situaciones, pero es mejor hacerlo con la certeza de saber que no estás en peligro siempre que tu contribución sea bienvenida.
__________
La verdad es que leyendo el rollo que acabo de escribir, tengo la impresión de que pocos van a llegar hasta aquí (voy a incluir un disclaimer para evitar quejas). Espero que ello no os desanime a mandarme unas líneas y contarme cómo estáis y cómo están las cosas en Telefónica o en lo que andéis ocupados ahora. Y espero también que, pese a la dificultad del momento, estéis todos bien y que pase lo que pase, cuando se produzca el fenómeno económico o tecnológico que sea que nos ponga de nuevo en ritmo de crecimiento, todos podamos mirar atrás y decir: fue un mal trago pero salimos bien de él.
Este invierno empezó del mismo modo que lo había dejado el anterior: nevando. Si no nevó suficiente el invierno pasado para convertirlo en el que más nieve había producido, la combinación del inicio y el final de año ha proporcionado la precipitación necesaria para que 2008 se llevara el récord anual. Os cuento esto no porque sea una novedad aquí (al final te acostumbras a conducir sobre el hielo y a compartir el espacio con la nieve) sino porque sé que es diferente a la manera de convivir con la nieve en la mayoría de los sitios de España. Aunque después de leer las noticias sobre cómo ha sido el tiempo allí este invierno tengo la impresión de que todos estáis teniendo la oportunidad de probar un poco el sabor de la nieve. Ya sé que no es lo mismo: ni la cantidad de nieve que cae y se acumula, ni el impacto que tiene sobre la población, ni los medios que hay aquí y allí para combatirla, pero estoy seguro de que tiene que haber sido interesante (NOTA: interesante = diferente, intrigante, curioso).
En el plano profesional las cosas no han cambiado mucho en los últimos meses. Como os dije en mi último correo, cambié de responsabilidad y ahora estoy a cargo de la gestión de las operaciones en tiempo real de los centros de atención al cliente. Después de un verano difícil por un desequilibrio notable entre oferta (número de agentes) y demanda (número de llamadas), las cosas se han ajustado y llevamos unos 4 meses funcionando bastante bien. Con menos quebraderos de cabeza en el día a día, he podido centrarme más en solucionar o mejorar procesos con una implicación más a largo plazo, lo que espero que redunde en mayor robustez cuando lleguen épocas de vacas flacas en el futuro. La idea es mejorar la automatización de tareas en las que mi equipo no está proveyendo valor añadido o revisar la interfaz con áreas como operaciones de sistemas o los propios call centres, para garantizar una mejor coordinación en los momentos de crisis. Ahora mismo, por ejemplo, estoy intentando perfeccionar la cuantificación de la aportación de mi equipo en el cuadro de mando, por un lado para un que se sepa reconocer mejor nuestra labor y, por otro, para ayudar a mi grupo a priorizar las actividades y enfocarse en aquéllas que resultan importantes para el objetivo global de la operación. Vamos, que como podéis imaginar, no tengo mucho tiempo para aburrirme.
Uno de los temas sobre el que más me habéis preguntado en los últimos meses es la crisis, y cómo ha afectado aquí en Canadá. He pensado que dado el hecho de que sigue siendo un tema de actualidad y que no va a dejar de serlo en mucho tiempo, podía daros mi punto de vista (a riesgo de repetirme con aquéllos con los que he hablado de esto: mis disculpas por anticipado en caso de que lo que sigue no sea nuevo).
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Disclaimer: El contenido entre esta línea y otra similar más abajo es un poco coñazo. Si tienes tiempo y curiosidad sobre la crisis económica y cómo se está desarrollando en Canadá puede que te interese. Si no, puedes pasar al párrafo después de los asteriscos).
Sobre el origen de la crisis ya se ha hablado mucho, hasta el punto de que todo el mundo sabe ahora de subprimes, tranches, y productos financieros derivados (lo que resulta curioso es saber de todo esto en retrospectiva). Hace unos años (un par de décadas) todos oíamos que la economía era algo sujeto a lo que se denominaban ciclos macroeconómicos (las cosas iban bien hasta que dejaban de ir bien y entonces empezaban a ir mal hasta que empezaban a mejorar). Había una especie de fatalismo existencial en esto de la economía y más o menos se aceptaba con resignación. Cuando las cosas iban bien había alegría económica y cuando iban mal se producían reajustes coyunturales. Con el tiempo (y la globalización) los gobiernos y los bancos centrales han encontrado la forma de combatir el fatalismo de los ciclos económicos y, a través de su intervención en el precio del dinero, prolongar la alegría económica por periodos cada vez más largos. Como reza el dicho, cuanto más alto llegues más grande será la caída, y lo cierto, es que las políticas monetarias y la flexibilización de la actividad financiera han ayudado a crear la falsa ilusión de que las cosas iban bien durante demasiado tiempo, cuando lo que hacían realmente era retrasar el ajuste. En esos tiempos de bonanza (o de bonanza percibida) la gente ha seguido consumiendo a ritmo de “subida”, los analistas financieros han proyectado ganancias sostenidas para las empresas (y por tanto inflado el precio de sus acciones), y los que más cerca están de los movimientos financieros se han aprovechado poniendo el cazo ante la cantidad de dinero ha pasado delante de ellos.
No es la primera vez que tenemos una crisis de origen financiero (no hay que remontarse mucho para recordar lo que pasó a primeros de siglo con las punto com, los desorbitados precios de las acciones, la alegría a la hora de invertir en “Internet”, las stock options que algunos convirtieron en mucho dinero, y el posterior batacazo). Sin embargo, el impacto de la crisis de Wall Street en Main Street (es la forma coloquial en que aquí metaforizan la traslación de la crisis financiera al nivel del ciudadano medio), no fue muy serio fuera del sector de las telecomunicaciones, que aún seguía teniendo un modelo de negocio sólido, y lo cierto es que pese a que las expectativas se habían secado de contexto, había una nueva tecnología con mucho potencial en ciernes y muchos sectores que seguían funcionando a buen ritmo. Lo diferente de la crisis actual es que uno de los sectores que se había inflado más de la cuenta es la banca, y los bancos no pueden caer sin arrastrar al resto. Estaba claro desde el principio que la quiebra de algunos bancos no sólo afectaría a sus empleados y sus clientes, sino que se produciría un efecto en cadena en otros bancos, dado que nadie sabía con certeza cuáles eran los activos buenos y cuáles los malos, y que detrás de los bancos irían las empresas que dependen mucho de la financiación bancaria (como las constructoras o la aseguradoras). Además, con la herida abierta, los bancos no estarían tan dispuestos a prestar dinero como antes y muchas personas y empresas no cumplirían las condiciones y por tanto sus actividades económicas se ralentizarían. Ahora mismo, las empresas en todos los sectores se ven obligadas a reducir personal y la gente empieza a ver las orejas al lobo y gasta menos. Al gastar menos, las empresas ingresan menos, por lo que no cumplen sus objetivos y se ven obligadas a reducir gastos (incluidos los de personal). Y ésa es la dinámica en la que estamos hasta que pase algo que invierta el ciclo y la economía vuelva a sonreír de nuevo. El problema es que después de tantos años de subida todavía es difícil divisar el final de la bajada.
Imagino que la mayoría está al tanto de la actualidad y lo que he dicho arriba no es ninguna novedad (perdón por el preámbulo tan largo, pero me hacía falta para poder explicar en qué medida Canadá se parece a España - o se diferencia).
El primer golpe de la crisis en Canadá fue en los parqués bursátiles, como en el resto del mundo (la bolsa es casi siempre el mejor termómetro de la economía). La salida a flote de las hipotecas subprime impactó aquí igual que en otros sitios. De forma similar a lo que pasó en España, los bancos de Canadá no quebraron durante los meses en que todo parecía que se iba a derrumbar (dicen que en España la regulación ha permitido que no se dieran las actividades especulativas que había en Estados Unidos; en Canadá pasó algo parecido, debido a las enseñanzas de una crisis inmobiliaria durante los años 90). Por esa misma razón, la segunda oleada, la que afectó a aseguradoras y constructoras, tampoco se notó aquí. He leído que muchas de las constructoras en España se han quedado bloqueadas una vez que los bancos se pusieron en guardia. Esto no sería una noticia tan importante como en realidad es, si no fuera porque el sector de la construcción ha sido prácticamente el único motor de la economía (por la cantidad de empleo que genera, por todas las actividades económicas que dependen de ella, y por la cantidad de dinero que los españoles tienen invertido en viviendas), más incluso de lo que lo era el turismo en los años 70 y 80. Sin embargo, la tercera oleada sí se está haciendo sentir. La proximidad de Estados Unidos hace, como podéis imaginar, que muchas empresas estadounidenses abran sucursales en Canadá, y el hecho de estén quebrando o reduciendo personal, está afectando notablemente algunas ciudades (plantas de Ford o General Motors están cerrando, y aquí en Toronto, tercer núcleo financiero de América, el sector financiero se ha encogido mucho). Además, empresas que viven alrededor de las que están sufriendo más están siendo afectadas (suministros para vehículos, consultoras, asesorías financieras…). La cuarta oleada también se ha disparado, y las empresas ya han empezado a ajustar sus plantillas para absorber la bajada de ingresos. Y con ello el paro ha aumentado, como en España, aunque no a niveles tan preocupantes (de hecho aquí están preocupados con el 7.5% de desempleo, pero no es lo mismo que va a haber en España).
En conclusión, la crisis se está notando en Canadá, aunque creo que no va a ser tan profunda como en España, debido a la solidez de los bancos y al hecho de que sus sectores principales no se han visto arrastrados (como ha ocurrido allí con la construcción).
Otro aspecto que me ha llamado la atención en el proceso de reducción de plantilla es que creo que las empresas aquí son más honestas que en España (con los límites que el hecho de despedir empleados tiene), debido a que hay muchos menos matices en la gestión de recursos humanos (INEM, ETT, ERE y todo ese vocabulario para crear ilusión de justicia alrededor de la gestión del empleo). Mientras que allí la preocupación es que esto impacte a trabajadores temporales, gente joven, se utilicen criterios como le edad, el sexo, o vete tú a saber qué, que haga el despido más barato, aquí despiden a la gente que es más prescindible: porque rinde menos, porque aporta menos a la empresa, o porque cobra mucho. En TELUS se habló de 500 despidos como medida de precaución contra la bajada de ingresos, y la mayoría han sido directores, vicepresidentes y ejecutivos (cuyos puestos eran amortizables por fusión de departamentos), y personas fuera de convenio en las bandas bajas de desempeño en las áreas cuya actividad se ha ralentizado por la crisis. Siempre es difícil pasar por estas situaciones, pero es mejor hacerlo con la certeza de saber que no estás en peligro siempre que tu contribución sea bienvenida.
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La verdad es que leyendo el rollo que acabo de escribir, tengo la impresión de que pocos van a llegar hasta aquí (voy a incluir un disclaimer para evitar quejas). Espero que ello no os desanime a mandarme unas líneas y contarme cómo estáis y cómo están las cosas en Telefónica o en lo que andéis ocupados ahora. Y espero también que, pese a la dificultad del momento, estéis todos bien y que pase lo que pase, cuando se produzca el fenómeno económico o tecnológico que sea que nos ponga de nuevo en ritmo de crecimiento, todos podamos mirar atrás y decir: fue un mal trago pero salimos bien de él.
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