Os escribo después del periodo estival (porque aunque aún es técnicamente verano, ya no hace el mismo calor, y porque pese a que he tenido las vacaciones más largas en más de 12 años, ya estoy trabajando, y esto parece cualquier cosa menos verano). Imagino que en España todavía habrá temperaturas considerables y que muchos de vosotros estaréis de vacaciones, pero si leéis esto dentro de algunas semanas no penséis que vuestra respuesta es menos bienvenida.
No puedo contaros grandes aventuras de mis vacaciones, porque a pesar de su extensión, las cosas no se han dado como esperaba y las excursiones han quedado limitadas a viajes alrededor de Toronto y eso sí, un viaje de 10 días a Nueva Escocia, que ha sido lo más parecido a unas vacaciones convencionales.
[AVISO: Comienza la sección cultural. Los que quieran una lectura rápida, pueden pasar directamente a las fotos (abajo)]
Nueva Escocia es una de las provincias marítimas de Canadá, que es como denominan a las regiones que quedan en la costa atlántica del país (New Brunswick, Newfoundland (=Terranova en inglés), Prince Edward Island y Nova Scotia). Son las provincias más pequeñas, y se caracterizan por su configuración rural-pesquera, su baja densidad de población, y un clima muy parecido al del Atlántico Norte en Europa. Las costumbres de una población así configurada hace que las reminiscencias de la ocupación inglesa y francesa sean mucho más patentes que en Toronto, donde la cercanía de los Estados Unidos y la población urbana cosmolita, ha borrado las huellas de una historia muy reciente. La mayoría de los pobladores de Nueva Escocia provenían de Francia (llamados Acadienses) y Escocia, por lo que no es extraño que las ciudades tengan o nombres franceses, o los originales New Glasgow, Inverness, Liverpool ... En definitiva, un territorio más o menos como la cuarta parte de España y con menos de un millón de habitantes. Alquilé un coche al llegar y en los días que estuve allí hice 2500 Km., lo que me permitió llevarme una impresión bastante detallada de cómo es la zona y su gente.
Desde Nueva Escocia crucé a la Isla del Príncipe Edward, o Prince Edward Island, o PEI, como la llama todo el mundo aquí, tan obsesionados como están con las siglas. Esta sí que es la provincia más pequeña del país, y como su nombre indica es una isla, aunque desde hace unos años está unida por un puente a New Brunswick. Como yo estaba en Nova Scotia, tuve que ir en ferry, pero fue un viaje muy agradable en un día de sol perfecto. Es mucho más plana y agrícola que Nueva Escocia y además destino turístico de muchas familias en Canadá, porque por esas cosas de las corrientes marinas, pese a estar bastante al norte, está bañado por aguas cálidas. Además, de una ciudad de la isla es la autora de Ana de las Tejas Verdes, y claro, una visita obligada era ver la famosa casa de las tejas verdes.
Todo esto está recogido en las fotos del álbum. Y además os dejo un enlace a información de Nueva Escocia y PEI por si la curiosidad no ha quedado satisfecha con lo anterior.
Y después del relax y la barba de n-días, llegó el momento de ponerse el mono de trabajo (que no es exactamente el traje). El 1 de agosto empecé a trabajar en TELUS como estaba previsto, donde ejerzo de Jefe de Proyecto en un área con un nombre no muy intuitivo (Planificación Estratégica y Ejecución). Se trata de un departamento que gestiona la implementación de sistemas y procesos para facilitar la actividad comercial de la compañía: desde lanzamiento de nuevos productos, a nuevos sistemas de atención, gestión de canales de venta, etc. Como hace 6 meses que se ha fraguado la fusión de las filiales de móviles y fijo, y mi área pertenecía tradicionalmente a móviles, mi responsabilidad más amplia está en el lado de fijo (aquí lo llaman landline, y concretamente en el push que están haciendo con la banda ancha). De momento llevo dos proyectos, uno de integración de terceros canales y otro que está en fase embrionaria para la gestión del conocimiento en el área comercial que permita la optimización de recursos. Como véis, tradicionales conocidos de Telefónica.
En cuanto al ambiente de trabajo, es mucho más dinámico y joven que Bell. Dan mucha importancia a la actitud hacia los demás y a la capacidad de cada uno de construir equipo y gestionar las relaciones. Sigue llamándome la atención la eficiencia, en el sentido de lo focalizadas que son las actividades y las reuniones, así como el control presupuestario de los proyectos. No en vano la compañía ha multiplicado por tres el valor de su acción desde 2002, justo cuando todas las empresas tecnológicas lo han pasado peor. De todos modos, ya os contaré más cuando lleve más tiempo y haya podido hacer un juicio más apropiado de todo.
Por último un toque deportivo. Hace un par de semanas fui a ver la semifinal del Masters Series de Tenis de Toronto. Como Nadal pinchó y se quedó en octavos, tuve que conformarme con ver a Federer. Los que sigáis el tenis sabréis que ganó, pero al menos el partido duró más de dos horas y tuvo su punto de emoción.
Y eso es lo que hay, por ahora. Supongo que algunos ya llegarán a estas líneas con la lengua fuera, así que no me extiendo más. Como siempre, os envío un abrazo a todos desde la distancia y espero saber de vosotros un día de éstos.
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