Mitad de Enero y sol radiante es generalmente indicador de frío. Lo compruebo, sólo por confirmar lo que ya sé: doce bajo cero y sensación térmica de -26. Mejor quedarse en casa. Lo cierto es que hace tiempo que no disfruto de un fin de semana tranquilo como este. Me cambié de casa y la onda expansiva de la mudanza duró varias semanas, casi dos meses, hasta conseguir adaptar la vivienda a las expectativas y completar el mobiliario. Después recibí visita familiar en Navidad, con lo que pese a no desplazarme los días se ocuparon de otra forma, y tampoco saqué tiempo para sentarme a escribir. Hoy parece un buen día para ello.
Feliz Año a todos desde Toronto un año más. Espero que todos hayáis podido disfrutar de unos cuantos días de tranquilidad en Navidad (no sé si estas dos cosas son compatibles) y que hayáis empezado el año con ilusión y buenos propósitos. Me llegaron noticias en Diciembre con más cambios que añadir a los cambios que ya no he visto, con lo que cada día me cuesta más imaginarme cómo transcurre la vida en vuestro entorno. Muchos os habéis movido a otros departamentos y otros fuera de la empresa, y aunque intento guardar registro de los cambios, la red social que constituye esta lista de ciento y pico personas es más diversa que nunca, pese al sesgo telefónico, lo que hace aún más enriquecedor leer vuestras respuestas.
Yo sigo donde os dejé la última vez, aunque aquí también el viento sopla con fuerza y las cosas cambian con frecuencia, así que no sé por cuanto tiempo. En TELUS llevo un grupo de siete personas que gestionan desde el punto de vista de cliente cuatro proyectos de evolución de la infraestructura de atención al cliente, y además soy responsable de establecer la estrategia de desarrollo tecnológico en los contact centres. La idea es trabajar en la línea de evolución y planificar como se utiliza la inversión para obtener el mayor retorno posible. Una vez que los proyectos se ponen en marcha, mi equipo (con jefes de proyecto y analistas) se encarga de gestionar con informática el desarrollo técnico y, con los responsables de ventas y atención los procesos de preparación para el lanzamiento de las diferentes fases (lo que aquí se denomina business readiness). Periódicamente los proyectos son revisados por el comité de inversión para garantizar que tanto los costes como la proyección de los beneficios están controlados. Lo que más me gusta de lo que hago, al margen de los detalles específicos de cada proyecto, es la autonomía para tomar decisiones y la posibilidad de acceder a niveles altos de dirección de la empresa para discutir propuestas o alternativas a su modo actual de operación.
Al margen de la cuestión laboral, he pensado que podía ser intersante compartir con vosotros mi visión de algunas de las ciudades que he visitado últimamente. En Canadá he tenido la oportunidad de visitar Montreal, Calgary y Vancouver, aunque por motivos de trabajo, por lo que no tengo toda la perspectiva, ni fotos que enviaros (he buscado un link con algunas como muestra). De Montreal ya os hablé hace un par de años, pero Calgary y Vancouver han sido novedad este otoño.
Calgary es una ciudad de tamaño mediano (alrededor de 1 millón de habitantes) a las faldas de las Montañas Rocosas al final de la llanura que recorre miles de kilómetros en el medio oeste. Es muy ordenada, con las calles numeradas (parecido a Manhattan) y muy amplia, similar a Denver por su situación geográfica. Es la principal ciudad de Alberta, que es la provincia canadiense con mayor crecimiento económico por la importancia de la industria petrolera. Esto que es objetivamente bueno para los habitantes de Calgary, representa un desafío para las empresas, porque los sueldos medios son muy altos y los precios en general también. Si alguna vez vais a Calgary no dejéis de comer un buen filete de ternera, ya que el ganado bovino de la zona es uno de los mejores del mundo.
Vancouver es la tercera ciudad más grande de Canadá y está literalmente atrapada entre la falda occidental de las Rocosas y el Océano Pacífico. Carece del orden de otras ciudades norteamericanas, por la presión de la geografía, lo que genera problemas de tráfico en los puentes para cruzar de un lado a otro de la ciudad, pero al mismo tiempo tiene el encanto de un paisaje muy bonito, con las montañas rodeando la ciudad, todo verde, por la frecuencia de la lluvia y un clima templado, parecido al del norte de España. Está muy cerca de Seattle, lo que le hace un poco de sombra desde el punto de vista de la identidad cultural, pero es un lugar que recomiendo visitar, sobre todo si se combina con excursiones a las montañas próximas o la isla de Victoria, a menos de una hora de ferry de Vancouver.
Además, y en este caso con motivos turísticos, he tenido la oportunidad de conocer un par de ciudades estadounidenses, que probablemente muchos de vosotros habréis visitado. Aún así, y aunque sólo sea como excusa para introducir las fotos que hice, os cuento lo que me han parecido:
Chicago es una ciudad realmente con encanto urbano. Geográficamente se aprovecha de su situación frente al lago Michigan, pero es su vocación de modernidad lo que le ha llevado a desarrollar la constitución que tiene. Nunca pudo competir con Nueva York en cantidad de rascacielos pero decidió promover la calidad de sus construcciones, y hoy en día alberga edificios altos, pero también edificios con mucho estilo. Como decía ha utilizado el lago para hacer sus edificios más vistosos y tiene una línea de parque que permite a los ciudadanos disfrutar del lago aunque vivan en el centro de la ciudad. Pese a ser grande es muy manejable en metro y autobús y en tres o cuatro días se puede conocer con cierto detalle.
Nueva York por contra es cantidad. Cantidad de edificios, cantidad de coches, cantidad de personas. Tiene el encanto de ser la ciudad de tantas películas y tantos eventos famosos que siempre hemos visto por televisión, pero es realmente caótica en cuanto al tráfico y el bullicio. Central Park es un pulmón en medio de Manhattan, pero se echan de menos más zonas verdes distribuídas por la ciudad. De modo parecido a Vancouver, la presión demográfica y geográfica hacen de sus puentes y túneles un verdadero cuello de botella y, a diferencia de Vancouver, los edificios no dejan ver otro paisaje que el urbano. Conduje hasta allí, con lo que pude ver otras zonas que quedan fuera del alcance en un viaje turístico habitual, como Brooklyn o el Bronx, y fui hasta la playa más cercana, que ahora tiene el encanto de las playas de Normandía, pero que en verano imagino llena hasta más no poder. Quizá fue que el tiempo no ayudó (al contrario que en Chicago), pero ciertamente entiendo que paguen más por trabajar en Nueva York (de alguna manera tienen que compensar la pérdida de calidad de vida).
Y esto es todo en lo que se refiere a viajes por ahora. Tengo pendiente Boston y Washington, de las que tengo buenas referencias, pero habrá que ir poco a poco. Visto lo conveniente que fue el viaje a Nueva York en coche, quizá espere a tener unos cuantos días libres en verano para no sólo visitar Boston, sino también dar una vuelta por las costas de Nueva Inglaterra.
Nada más. Como decía arriba del todo, espero que todos hayáis tenido una buena entrada de año y que lo que por la razón que fuere vaya mal, que se arregle, y lo que vaya bien, que vaya mejor. Como siempre, me encantará saber de vuestras vidas y yo por mi parte espero escribiros pronto con más historias desde Toronto.
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